"Los héroes son siempre inmortales ante los ojos de quien en ellos cree. Así los muchachos creerán que el Torino no ha muerto, está solo jugando de visita".

No hay frase mejor que resuma la historia del
gran Toro. Ese que allá por la década de los 40 rozó con los dedos el cielo besando la
gloria del fútbol transalpino. Elevó su fútbol hasta el
verdadero azote de la vida, derrochando juego por toda la península itálica, cuando los límites de la posterior Copa de Europa terminaban en el país de cada cual. Batieron todos los
récords, llevaron a la
azurra diez titulares sobre el total de once, lograron cuatro campeonatos consecutivos. Y le tenían a él:
Il Capitano Valentino, grande entre los grandes. Cuentan que cuando el Toro flojeaba, Valentino Mazzola subia al medio campo, se arremangaba y gritaba:
¡alé! . Todo cambiaba. El terreno se volvia granata, el balón guiñaba cómplice, y la victoria estaba asegurada.
Realmente fueron héroes. Héroes de un fútbol mágico, romántico, elegante. Con una alineación que entre los viejos del lugar se recitaba de memoria: Bacigalupo, Ballarín, Maroso, Grezar, Castigliano, Rigamonti, Gabetto, Menti, Loik, Mazzola y Ossola. Los invencibles. En realidad eran un grupo de amigos, grandes amigos, que cada Domingo se reunían para viajar en el autobús del club, 'Il Conte Rosso' a repartir por el terreno de juego toda su clase. Cada cual tenía su propio oficio mediante el cual subsistían, y como afición eran fútbolistas. Escribiendo las páginas doradas de la leyenda del club con más seguidores en Turín.
Pero la vida es maldita y quizás alguno pudiera pensar que un final feliz es una historia inacabada. El 4 de Mayo del 49, regresando de Lisboa, la historia del Torino se convertía en leyenda. Llegando a Turin, sobre la basílica del monte Superga, se rompía el mejor equipo del momento. El fútbol perdía un trozito de sí mismo. El Torino caia con su avión, tiñiendo el azul de granate, destrozando en lágrimas a toda una ciudad.

Desde entonces hasta ahora todo ha sido un camino de piedras a la sombra de la magna Juve, que cubría en triunfos sus artimañas. Pero la gloria regresará, bañando el futuro con luz del pasado. Yo sé que cada Domingo los chicos pelotean allá en lo alto. Por si acaso, el poeta nos da la solución: Si miras a lo alto algo consuela; saber que el mejor Toro, vuela.